martes, 1 de enero de 2008

Unos Zapatos con Arte.


Me encontraba en mi casa la mañana del día de reyes y dolorido todavía por la batalla sufrida la noche anterior por el intento, con infantil ilusión, de acumular la mayor cantidad posible de mayestáticos caramelos.
A duras penas logré trasladarme de la habitación al cuarto de estar, vocablo que el sevillano argot define lo que para otros sería el salón, para una vez allí sufrir una serie de improperios amenazantes que partían de la cocina. Era mi madre, pero ¿Cuál sería mi delito? , a lo que ella, con dedo amenazante me señalaba el suelo, y una vez allí unas pisadas que disimulaban el brillo con el me tiene acostumbrado. El suelo tenía restos de caramelos, que entre salto y salto se habían quedados prendidos a las suelas de mis zapatos como golosas estalactitas.
Este hecho me hizo meditar sobre la gran suerte que tienen los zapatos de un sevillano, por el hecho de compartir sus días más grandes. Una persona que no salga de su casa, no le haría falta mirar el calendario para saber en que época estamos, solo tendría que observar la suela de cualquier zapato que venga de la calle.
Si la suela estuviera llena de cera, advertiría sin demasiada dificultad que Dios está muriendo en Sevilla, es mas dependiendo si el goteo se produjo en verde sabrá que la Vera Cruz anduvo cerca o si esta fuera roja, los izquierdos volaron allá por la ronda de Triana.
El pasillo tiene un reguero de amarillo maestrante, lo que nos lleva a pensar que los flamencos mocasines pisaron el real de Los Remedios. Además las susodichas marcas dejan un ligero tufillo a establo, por lo que el arte a caballo sé lucio en su proximidad. Unas piedrecillas en el centro del pasillo nos alertan que pasaron por la calle más infernal de Sevilla.
Arenas de dunas eternas nos traerán un aroma a Marisma, notándose una humedad en los de Valverde que nos hablan de una senda guiada por una Paloma.
Restos de una mata faraónica florecida en Camas, además de punteras con signos de genuflexos rozamientos son signos evidentes de reverencias a un santísimo que en trono arferiano de plata se pasea por Sevilla una mañana radiante del mes de Junio.
Si el recordado Pali le decía a su madre que no le limpiara el cordón de la medalla, yo le diría a la mía que no me limpiara los zapatos, para de esta forma recordar lo que he podido vivir en esta bendita ciudad y ellos conmigo, por que un Zapato Sevillano es un Zapato con Arte.


Miguel Macías Martínez.

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