jueves, 3 de enero de 2008

Personajes de Sevilla


Paseaba el otro día en pleno Diluvio Hispalense, que es mas que universal, y logre distinguir entre un frondoso bosque de multicolores paraguas a un tipo de esos que, en el Coliseo Mundial del Toreo, dicho de otra forma en La Maestranza, es todo un personaje. Debo reconocer que sentí una extraña sensación, como de preguntarme: ¿Ah pero este hombre existe el resto del año?.
Reconozco que tras meditar sobre esta egocéntrica exaltación de mi existencia, me pregunté ¿qué será de los personajes de Sevilla el resto del año?, Por que cierto es al llegar las fechas de su puesta en escena todos los buscamos en sus naturales entornos, pero fuera de estas, es hasta chocante su existencia.
No lograría imaginarme a ABELARDO, elevador a los cielos de toreros como el mismo se define aunque para el resto no es mas que un capitalista bastante loco, comprando en la sección de colonias de El Corte Ingles. En este caso la causa estaría clara: Existe una colonia por nombre ESPARTACO.
Sería como un sueño surrealista cruzarme por la blanca orilla de la playa de Rota, a Fernando Martagón en Bañador. Mi primera reacción, sin duda, seria la de mirar el “Paquete” de su bañador y no por que mi salida del armario fuera inminente, sino por que sin duda es el lugar en el que tiene escondido el costal.
Os podéis imaginar al “Bigote” de Protección civil, ese que está en todas las bullas de Semana Santa o Feria con ese Walki de talla XXL, Walki por el que nunca habla, en una cola del campo del Betis. Seguramente en ese caso estará infiltrado buscando alguna persona maligna.
Seria terrorífico estar sentado en la opera, y descubrir que tu vecino de localidad es Dani el del Bosco y además sin vestir de tuno. No debe en absoluto extrañarnos que en cualquier cambio de acto, pase a camerinos y tras cambiarse, aparezca cual Don Juan cortejando a Doña Inés.
Así podría situarme en innumerables situaciones estrambóticas asimiladas a la colocación de un Nazareno en un Belén, pero debemos caer en la cuenta que quizás desde su punto de vista sea igual de contradictorio vernos en una farmacia comprando unos pañales infantiles.
En esta narración cobra sin duda toda su veracidad la frase “depende del cristal con que se miré”, aunque también podemos seguir considerándolos actores de ese teatro personal que se produce en cada una de nuestras vidas, y que solo cobraran vida cuando el guión así lo demande.

No hay comentarios: