martes, 1 de enero de 2008

Era una Noche del Frío Mes de Febrero


Era una Noche del Frío Mes de Febrero. Hacía ese vientecito que se mete en los huesos, más propio de la Bahía Gaditana que de esta tierra adentro.
La fecha, era la elegida por el Capataz para comenzar el advenimiento de la Trabajadera, cita ineludible para un grupo de amigos, que a pesar de saludarse con exageradas muestras de cariño adornadas con ciertas guturaciones más propias de la vejez ante el encuentro con sus nietos, solo se reúnen en ciertas ocasiones del año, ocasiones estas que suelen coincidir con cualquier evento exhumerado de incienso, teniendo una banda sonora de cornetas y tambores o se limite a la visión de algún altar religioso, eso sí, siempre que sea portado por miembros de su gremio.
Esta gélida noche, vistes esas ropas que al cruzarse en tu mirada en el calor agosteño provocan una nostálgica sonrisa.
¡PRIMERA! .. y empieza el Rito. Comenzamos a formar curiosamente dándole la espalda a quien profirió semejante grito. Es el momento, como todos los años, en que la intranquilidad te invade ante la inseguridad de la certera posición en paralelo de tus pies. “Creo que los tengo demasiado abiertos”, o “Tan cerrados soy capaz de salirme del Palo”. Es el momento que con un poco de disimulo calibrar la apertura media de los pies de mis compañeros. De pronto sientes la presión de un pulgar allá donde las cervicales inician su vertiginoso descenso. A esta sensación táctil le sigue un “Zamarreón” que agarrantote por los codos te guía hacia la siniestra del compañero que te precede. Estas variaciones en la fila se suceden como si fuera la colocación de una mano de Póquer, no parando hasta conseguir la escalera de color que se considerará como “Palo” de Salida.
¡HACERSE LA ROPA! ... y un año mas buscaremos la “doblez” exacta del “Lienzo Alpillerado”, que hará que al enfundarnos el costal este cumpla las funciones de decoro y utilidad. La faja, siguiente atrezo en nuestra vestimenta, servirá como cinta métrica chivata, que dirá en que medida ha evolucionado nuestro contorno corporal de un año a otro.
Suena varios golpes secos al fondo de un viejo almacén, es el “Martillo” que a modo de bélica sirena hace que una fila de hombres enfilen la entrada buscando el fondo.
¡A PULSO ALIVIAO! ... y se produce el contacto tan esperado durante tantos días con la soñada trabajadera. Este primer contacto es suave, debido a la conveniencia de calibrar fuerzas. Una vez arriba se producen las primeras sensaciones de cómo transcurrirá este año nuestro sevillanisimo camino del Calvario, susurrando por otro lado la labor del prioste a la hora de simular la iconografía representada en nuestra cofradía.
El ensayo discurre en la soledad de la noche por las mojadas calles de la ciudad, ¡Ay las horitas de regar!. Las chicotas se suceden entre semáforos en rojo, costaleros convertidos en policías locales directores del escaso tráfico del intespectivo momento horario y respuestas reiteradas ante la pregunta: ¿Qué Hermandad es esta?.


El paso regresa a su viejo y oscuro almacén siendo nuestro deambular nocturno recompensado con un botellín de cerveza y un escuálido bocadillo. Mientras intentas buscarle algún parecido al contenido de este con el sabor de la mortadela, tu pensamiento se pierde en calles soleadas de un día Primavera, en ríos de gente bulliciosa inundando la Sevilla Eterna, en acólitos humeantes ante soberbios canastos de oro y en anhelantes sones de una Marcha Real que te transportará al más bello de tus sueños.
En ese momento te pasa por la cabeza, como algo tan sencillo se transforma en algo tan grande.
Borrico

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hermandad del Dulce Nombre.

Un saludo desde Triana.